Saturday, February 13, 2016

Un cuento de hadas / A fairy tale

Hace mucho tiempo, en una tierra desconocida, había un bosque escondido cargado de magia. Tenía pinos y sauces y robles y abedules, había riachuelos que lo cruzaban de norte a sur y de este a oeste, y el aire era el más puro que se pudiese respirar. El bosque, sin embargo, estaba amezado por la Montaña Tenebrosa, donde siempre era de noche y donde acechaban monstruos en las sombras y en ocasiones se adentraban al bosque.

Un día, perdido, se adentró en él un caballero que había luchado incontables batallas y vagaba por la tierra en busca de aventura con su caballo plateado y su espada mágica en la cintura. Tenía la barba y los cabellos castaños y un aire de tristeza le rodeaba. Mientras avanzaba entre los árboles escuchó unos gritos y, sin dudarlo, se acercó a ver qué ocurría. Un gigante perseguía a un hada! Rápidamente el guerrero desenvainó su espada y cabalgó hacia ellos. Con una mano montó al hada en su corcel, que siguío a galope, y de un salto bajó de él y se enfrentó al gigante, que le vio con sus ojos rojos y le atacó. El gigante tenía un mazo y atacaba al caballero sin cesar; pero él, habilmente, esquivaba sus ataques y, finalmente, con un certero golpe de espada, lo derribó.

El caballo regresó a él, pero el hada había desaparecido. Sintiendo que haía cumplido su deber, montó nuevamente y siguío cabalgando hasta que escuchó una voz que le dijo “Extranjero! Gracias por tu ayuda, me has salvado. Mi nombre es Belle. ¿Cómo puedo recompensarte?” El caballero se volteo y vio un hada de cabellos de hilos de miel y ojos como hechos de madera y grama y, sonriendo, le dijo “Un placer, Belle. Mi nombre es Reivaj. Una sonrisa sería suficiente recompensa” Lo que Reivaj no sabía era que las sonrisas de las hadas son mágicas y, en ese momento, había quedado encantado por ella.

Belle se adentró en el bosque y Reivaj, encantado como estaba, la siguió entre arroyos y árboles hasta llegar a un estanque lleno de flores en el que se oía una voz dulce y aguda reir. “Lilium -gritó Belle- tenemos visita”. La pequeña hada se acercó corriendo a su madre. “Lilium, él es Reivaj, me acaba de salvar de un gigante”. Las hadas hablaban en su lengua mágica y el caballero no les entendía, pero estando encantado no le importaba. “Hola Reivaj, soy Lilium, bienvenido!” dijo la pequeña hada con una sonrisa y, en ese momento, Reivaj quedó encantado por ella también.

Pasaron días en los que las hadas reían y jugaban entre las sombras de los árboles y a la orilla de los arroyos y Reivaj se maravillaba con ellas. Una noche, mientras todos dormían, se escuchó un rugido terrible. Las hadas gritaron y Reivaj se levantó, tomó su espada y salió. Un dragón negro se acercaba con sus alas abiertas y quemando los árboles con su aliento de fuego.

“Vayan al estanque -les grtió Reivaj- y escóndanse en el agua!” Belle tomó en brazos a Lilium, montó un unicornio y, mientras se alejaban, hizo un hechizo para que Reivaj pudiese resistir el fuego y Lilium hizo otro para hacerle más fuerte.

El dragón se dio cuenta e intentó atacarlas, pero Belle dijo unas palabras y desaparecieron de vista. Molesto, se volteó y con un rugido ensordecedor atacó ferozmente a Reivaj. El caballero se defendió y pelearon por horas hasta que, finalmente, el dragón cayó.

Las hadas reaparecieron y vieron al guerrero victorioso, pero gravemente herido. Usaron su magia para curarle pero, al hacerlo, los encantamientos que tenía desaparecieron para siempre. Cuando abrió de nuevo los ojos las vio y sonriendo las abrazó. No necesitaba ningún encantamiento para estar con ellas. El guerrero errante había conseguido finalmente su hogar.

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A long time ago, in an unknown land, there was a hidden forest filled with magic. There were pine trees and willos and oaks and briches, there were creeks that crossed it from north to south and east to west, and the air was the purest one could breath. However, the forest was menaced by the Dreadful Mountain, where it was always night and where monsters lurked in the shadows and that, at times, ventured into the woods.

One day ventured in it, lost, a knight who had faught countless battles and wandered the land in search of adventure with his silver horse and his magical sword in his waist. He had brown hair and beard, and an air of sorrowness surrounded him. While he moved between the trees he heard some screams and, without doubting, he approached to see what was happening. A giant was chasing a fairy! Quickly, the warrior unsheathed his sword and rode towards them. With one hand he mounted the fairy on his steed, which continued to gallop, and then jumped down from it and faced the giant, who saw him with his red eyes and attacked him. The giant had a mace and restlessly attacked the knight; but he, skillfully, avoided all attacks and finaly, with an accurate sword strike, he knocked it down.

The horse returned to him, but the fairy had disappeared. Feeling he had accomplished his duty he mounted back and continued riding until he heard a voice that told him "Foreigner! Thank you for your help, you've saved me. My name's Belle. How can I reward you?" The knight turned around and saw a fairy with honey threads hair and eyes that looked made out of grass and wood and, smiling, he told her "Pleased to meet you Belle. My name is Reivaj. A smile would be enough of a reward" What Reivaj didn't know was that fairies smiles are magical and that, in that moment, he was enchanted by her.

Belle ventured into the woods and Reivaj, enchanted as he was, followed her between streams and trees until they came to a flower filled pond in which a sweet and accute voice was heard laughing. "Lilium -cried Belle- we have a visitor". The little fairy ran towards her mother. "Lilium, this is Reivaj, he just saved me from a giant". The fairies talked in their magical language and the knight didn't understand them but, being enchanted, he didn't mind. "Hello Reivaj, I'm Lilium, welcome!" said the little fairy with a smile and from that moment Reivaj was also enchanted by her.

Many days passed in which the fairies laughed and played between the tree shadows and by the stream shores, and Reivaj marveled at them. One night, while everyone was asleep, a terrible roar was heard. The fairies screamed and Reivaj stood up, picked up his sword and went outside. A black dragon was approaching with open wings and burning the trees with his fire breath.

"Go to the pond -shouted Reivaj- and hide in the water!" Belle took Lilium in her arms, mounted a unicorn and, while they went away, she casted a spell to make Reivaj able to resist fire, and Lilium made another one to make him stronger.

The dragon realized it and tried to attack them, but Belle said some magic words and they disappeared out of sight. Angry, it turned around and with a deafening roar it ferociously attacked Reivaj. The knight defended himself and faught for hours until, finally, the dragon fell.

The fairies reappeared and saw the warrior victorious, but severely wounded. They used their magic to heal him but, in doing so, the enchantments he had were forever vanished. When he opened his eyes again he saw them and smiling he embraced them. He didn't need any enchantment to be with them. The wandering warrior had finally found home.

Wednesday, March 17, 2010

Ucevista ayer, hoy y siempre

La UCV es nuestro mundo donde maestros y alumnos, con nuestras boinas azules en el corazón, compartimos y buscamos el conocimiento científico y humanístico, donde cimentamos amistades y donde vivimos experiencias, buenas y malas, que nos moldean para siempre. Es un mundo de aulas y pasillos en los que, libre, el viento ronda y agita con un clamor desnudo y sincero de excelencia y pluralismo que nos permite a los ucevistas cumplir las gestas pautadas.

La UCV es un abierto Cabildo en el que se debaten incesantemente ideas, proyectos y sueños y se evalúa, a veces despiadadamente, lo aprendido y también lo que no se aprendió.

Su reloj nos insta a, como él, alzarnos y mantenernos firmes ante las vicisitudes y nos recuerda que no debemos olvidar que el tiempo que allá pasamos debemos invertirlo en aprender, minuto a minuto, a ser personas más completas, capaces y humanas.

Su pastor nos da la bienvenida a una magna aula vestida de moza y cubierta de nubes tricolores en la que, vestidos de toga y birrete, vivimos la mayor alegría y satisfacción como ucevistas.

La UCV es el sueño encendido de Vargas, en el que el mundo es del hombre justo y honrado que busca la verdad y no del violento que quiere imponerla.

Nosotros, los ucevistas, somos la lumbre de fiel claridad que permite a nuestra Casa vencer las sombras, el vandalismo y la ignorancia. Somos las manos que marcan las huellas indelebles del legado ucevista. Somos el pasado, el presente y el futuro de nuestra Alma Mater.

Empujemos hacia el alma la vida entonando nuestra marcha triunfal "¡U U UCV!"


Dr. Javier A. Ruiz Díaz, Médico Cirujano egresado de la Universidad Central de Venezuela.
17/03/10

Thursday, February 10, 2005

Lágrima

Caen copiosas de tus ojos en cada amargura. Corroen tu sonrisa con su maligna agonía y callan tu voz con un sordo estridor de dolor. Derriban los diques que tan esforzadamente habías levantado para evitar el derrame de tus aguas. Como una marea agitada vuelcan en el barco en el que viajas por los aires y caes a una nada infestada de sufrimiento.

Como el rayo al árbol queman tus pensamientos. Como un incendio se propagan por tu mente hasta llegar como Pandora a tu alma. Se coronan como se coronaron, otrora, tantos reyes y sultanes y emperadores, ellas mismas, sin pedir permiso, reclamando para sí la corona de tu ser. Tu cuerpo con ellas enflaquece y su vigor pierde, y por la borda lanza su coraje y en sus aguas tus ojos mismos se ahogan, y se ahoga también tu boca.

Por ellas te escondes de tus enemigos y buscas ocultarte en tus allegados, reposando suavemente, como la nube que roza la montaña, tu cabeza en sus hombros, buscando protección, como si una niña pequeña fueses y buscases consuelo en los brazos de tu padre. O simplemente te escondes de todos, temiendo una estocada más fuerte y que tu vida con ella acabe cual liebre atrapada por un zorro. Sin sentirlo te marchitas como un clavel sin agua y desapareces de tu mismo mundo como si en un agujero negro entrases y atrapada quedases entre dos ejércitos que corren inevitablemente al encuentro con ellos mismos y con la muerte, que con su guadaña ineludible los espera sonriente.

Tantas veces las has derramado que ya perdiste la cuenta, o quizás la perdiste adrede para evitar sentir la frialdad de sus lanzas clavarse como flechas en tu corazón. A Dios mismo has pedido que una sequía de sufrimientos te envíe, o que seque tus mares y tus ríos y tus lagos para evitar que sigan desbordando sus aguas e inunden tus ojos como si un diluvio enviado en castigo de tus faltas fuese, y con todo vestigio de vida que brotaba de tu ser liquidase, decapitándolo cual verdugo sediento de sangre a un condenado inocente.

Cuando se secan las sientes como espadas que atraviesan completamente tu alma, indefensa ante ellas, sin armadura contra ellas confeccionada en tu mente más que la misma huída de su frío, frío que cual iceberg congela tu sangre y tu piel colora grana de la ira que te invade, y de la indignación que te aturde, y de la pena que te consume. Deseas ser tomada por las Valkirias para cabalgar con ellas al Valhalla, y a pies de Odín postrarte y que con su magia y su poesía infinita curase las heridas abiertas en tu batalla fatal contra tus mismos miedos y tu inconmensurable tragedia de dolor que a diario cargas cual cruz. O querrías, tal vez, cabalgar hasta Kamelot y a Excalibur tomar y blandirla contra tu mortal enemigo, tu fe en la agonía eterna, que lentamente consume cada centímetro de tu alma y deja tu cuerpo flácido y tu corazón desganado.

Y luego duermes sin poder conciliar el sueño, invadida por una pesadilla constante y repetida, tu muerte por tus propias manos, acabando así con tus males. Pero después ves la luz de las estrellas y sueltas el veneno que minuciosamente habías preparado para definitivamente secar tus ojos y destruir todas tus penas y apagar el resplandor de luna de tus pupilas para siempre y, obligándote a ti misma a hacerlo, sonríes de nuevo, hasta la próxima vez que se desate ese letal diluvio tormentoso y vuelvas a repetir el ciclo, como si un hado te confirmase, día a día, tu inevitable y fatal destino, morir.

Friday, January 28, 2005

Golpe de Mafia

Un as de diamantes cayó en la mesa. Luciano lo tomó y lo observó detalladamente y vio que había sangre que goteaba lentamente desde el centro del diamante. Se volteó con pausa y sigilo y notó la presencia de Paolo, que en ese momento estaba entrando. Rápidamente se lanzó bajo la mesa mientras esquivaba ráfagas de ametralladora que lo buscaban con furia.
En ese mismo instante entró Marco, el hermano de Paolo, a ayudar a su hermano en la matanza, pero, antes de poder comenzar a disparar, recibió varias balas en el pecho, su arma se escapó de sus manos y cayó con un grito estrepitoso que resonó más que las ráfagas de la ametralladora disparadas antes.
Paolo salió corriendo a atender a su hermano que yacía en el suelo, moribundo, con el pecho lleno de balas y cubierto en sangre. Sus ojos estaban fijos en la nada y su rostro reflejaba la muerte, que rápidamente lo cubría con su manto.
Luciano tomó un cuchillo largo, de carnicero quizás, y se acercó con velocidad pero sin ruido a Paolo y le atravesó el cuello con la hoja de acero. Un grito inconcluso salió de su boca mientras su garganta se ahogaba con su sangre.
Los dos hermanos murieron observando sus caras de dolor y lamentando haber querido eliminar a "Il Capo"